Congreso Eucarístico Nacional 2018

¿Qué es un Congreso Eucarístico?

Es una instancia eclesial que tiene como principal objetivo manifestar públicamente la fe de la comunidad cristiana, en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Es también una invitación a la Iglesia que peregrina en Chile, a detenerse ante el gran misterio de la Eucaristía, sacramento que celebra el fundamento mismo de la fe cristiana. Es, por tanto, una invitación a profundizar en el misterio de la Eucaristía, venerarlo públicamente, celebrarlo en su mayor dignidad posible, procurando que transforme nuestra vida.

¿Cómo surgió la iniciativa de un Congreso Eucarístico Nacional?

En el ámbito de la Conferencia Episcopal se propuso realizar un Congreso Eucarístico. La iniciativa siguió un itinerario que tuvo un momento culminante cuando fue presentada en febrero de 2017 al Santo Padre Francisco con motivo de la Visita Ad Limina. El Papa nos animó a concretar este anhelo. Se conformó una Comisión Nacional la que presentó una propuesta y que recibió también la aprobación de los Obispos. El día martes 16 de enero pasado el Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Santiago Silva Retamales, Obispo Castrense, en su saludo al Santo Padre, le participó: “Nos hemos propuesto prolongar su visita a nuestro país y su mensaje con un Congreso Eucarístico Nacional que se vivirá en cada Iglesia particular, a partir de marzo hasta noviembre de este año. Así, contemplando a Jesús Eucaristía, buscamos proyectar los frutos de su visita pastoral, los que sintetizamos en lo que el Resucitado ofrece cuando promete a sus discípulos: «Mi paz les doy» (Jn 14,27)”.

El lema: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?

El lema está inspirado en la vivencia de San Alberto Hurtado en relación a la Eucaristía, que nos recuerda que cuando nos disponemos para entrar profundamente en el Misterio de la Eucaristía el Señor nos configura con Él y nos envía a continuar su misión en el mundo.

La frase, escrita con los colores de la bandera chilena, nos invita a centrar la mirada en Cristo. Se trata de disponernos durante este año para encontrarnos con Él en forma personal y comunitaria para conocerlo, amarlo y servirlo, para hacer nuestros sus sentimientos (Flp 2,5) y convertirnos en otros “Cristos” para la Iglesia y para nuestro país, dejándonos traspasar de tal manera que lleguemos a experimentar las palabras del Apóstol Pablo, «Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mi» (Ga 2, 20).

La pregunta recoge la íntima relación entre Eucaristía y vida. ¿Qué haría Cristo frente a las personas que sufren injusticias, pobreza y marginación? ¿Qué haría Cristo frente las familias que llevan sobre sí agobios, cansancios, quiebres? ¿Qué haría Cristo frente a la soledad de los abuelos, la incertidumbre de los migrantes? En fin ¿Qué haría Cristo en las situaciones que nos toca vivir cotidianamente? Sin duda se trata de una pregunta que nos interpela a todos.

La respuesta la encontramos en la Eucaristía en donde hacemos memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Qué hace Cristo? Se conmueve ante las personas que sufren, pone su vida al servicio de ellas, los sana, los perdona y le comunica su vida plena. En esto consiste la vida cristiana, en hacer lo que hace Cristo. En definitiva se trata de ser coherentes con lo que vivimos en cada Eucaristía, nos ofrecemos con Cristo al Padre y nos disponemos para entregar la vida para comprometernos a trabajar por la paz, la justicia y la reconciliación.

Esta frase, que el Santo Padre Francisco pronunciara en el encuentro con los jóvenes en el Santuario de Maipú, determina dos etapas fundamentales que traspasan este Congreso Eucarístico Nacional 2018: el encuentro con Cristo e igualmente la transformación de la vida y sociedad. Cristo está en mi lugar en la Eucaristía, pues en ella él nos comunica su propia vida y mente hasta el punto indicado por San Pablo: «Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mi lugar».

El logo

El logo contiene los siguientes signos:

1. La Cruz de Cristo: Signo del acontecimiento que celebramos en cada Eucaristía: Jesús entregó su vida por amor al Padre y a todos nosotros: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. La cruz es amarilla porque anuncia el gozo y alegría de la resurrección.

2. La cruz abraza el mapa de nuestro país: representa a nuestra tierra chilena, las montañas, el desierto, los valles y el mar; y a cada una de las personas que habitamos en ella: los niños, los jóvenes, los adultos y los abuelos, la familia en su totalidad, los sacerdotes y consagrados, los creyentes y no creyentes, a todos los chilenos que llevan sobre sus espaldas, agobios, cansancios, sufrimientos y dolores que necesitan del bálsamo del amor de Cristo que sana y perdona.

3. Los brazos de Cristo que desde la cruz se levantan para darnos nueva vida, esperanza, consuelo y paz.

4. Las manos de Cristo resucitado que toma el pan, lo bendice, lo parte y lo ofrece para saciar el hambre de paz, justicia y reconciliación que todos tenemos y el anhelo de hacer de Chile un hogar para todos.

5. Las llagas de Cristo que nos recuerdan que el resucitado también sufrió y nos acompaña en nuestro dolor, Él es el pan de vida que nos invita a hacernos pan para los demás.

6. La frase del lema: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?

7. El conjunto de la imagen expresa lo que hace Cristo por nosotros: nos da su vida para que todos podamos tenerla, y es lo que nos invita a hacer por nuestro prójimo. De este modo la imagen se transforma en una respuesta concreta a la pregunta del lema: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.

 

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