Reunión de Grupo

En el Cursillo se santifica la persona. En la Reunión de Grupo, se pretende situarla en una circunstancia… Estable, Dinámica, Santificante y Libre… de modo que la persona no se encuentre total y desoladamente «en tierra extraña».

DEFINICIÓN

La Reunión de Grupo es el segundo momento de los Cursi- llos de Cristiandad. En ella el Cursillo se hace perenne y el cristianismo se hace constante. Todo lo que se vive en cristia- no debe convivirse. La Reunión de Grupo no es sino un cauce para convivir el cristianismo que cada uno vive o intenta vivir.

La forma más profunda de convivencia es la amistad. Por ello la Reunión de Grupo es la amistad llevada al terreno de lo Trascendente: la amistad convertida en una gracia actual per- manente.

Hay que tener en cuenta que no se hacen reuniones de gru- po para que haya quienes asistan a Cursillos, sino que se hacen Cursillos para que haya quienes hagan Reunión de Grupo. Y que el Cursillo es tan sólo el mejor medio que conocemos para poner el alma al nivel necesario para empezar a hacer Reunión de Grupo.

La Reunión de Grupo, al ser la unión voluntaria de todos en la misma Verdad y la misma vida, se convierte en una circunstancia

Estable Dinámica Santificante y Libre.

No es la Reunión de Grupo un simple medio de perseveran- cia, puesto que ella es también necesaria al que perseveraría sin hacerla. Su entraña está dentro de lo esencial cristiano, en el dogma de la Comunión de los Santos. Todo Cristiano debe compartir de alguna forma el cristianismo que vive. Esta con- vivencia cristiana será solo mística en los eremitas, como lo fue en los Padres del Desierto. Pero todo cristiano que convive con otros cristianos debe elevar esta convivencia al terreno de lo sobrenatural. A todo ello, tan viejo como la Iglesia, la Reu- nión de Grupo sólo viene a añadir que la forma más profunda de convivencia es la amistad, y a proporcionar un cauce apto y garantizado para hacer posible este «convivir el cristianismo».

Podríamos decir también que ella es el lugar, el modo y el instrumento donde se perfila y se concreta la verdad viva, práctica, triunfal y formidable de nuestro cristianismo católico y apostólico.

FINALIDAD

La finalidad de los grupos es posibilitar a cada uno lo nece- sario a todos: la convivencia normal, perenne y jubilosa de nuestro vivir en cristiano. Introducir a cada cristiano en una circunstancia de potencia santificante que le sirva de impulso y medida de su ser cristiano.

Las reuniones de grupo son cauce y origen de incontables experiencias apostólicas; caudal siempre vivo de inquietudes e

iniciativas; pista de creación y desarrollo de personalidades centradas en Cristo.

La reunión de grupo tiende también a impulsar y aumentar la ilusión, la entrega y el espíritu de caridad de cada uno de sus miembros y asegurar la perseverancia, de la que nadie puede estar seguro: «Quien crea estar seguro, tema», como dice el Apóstol.

No será nunca finalidad de los grupos realizar un control espiritual de sus componentes, ni ser remanso de fracasados o tertulia de bienintencionados. No es un invernadero ni un cuar- tel. No se trata tampoco de organizar y planificar la actuación apostólica «desde arriba», siendo los grupos meras células para realizar estas consignas. Los grupos funcionan como uni- dades naturales de amistad, sin jefes, porque pretenden ser, tan sólo, un cauce garantizado para que cada uno conviva con sus hermanos lo que vive o intenta vivir.

SISTEMÁTICA

En el «cómo se hace» la Reunión de Grupo encontramos cinco elementos esenciales:

  1. Grupos reducidos. Viene exigido para que la con- vivencia que se pretende lograr pueda ser real y completa. Conviene que sean más de dos y menos de seis los componentes de un grupo, a no ser que una poderosa razón aconseje lo contrario.
  2. De formación voluntaria. Viene exigido para que la convivencia pueda ser eficaz. Convivir con alguien por imposición de un tercero no suele ser método eficaz de convivir. Por ello las reuniones de grupo tienen que ser elegidas o admitidas con ilusión, no ilusa sino serena, por sus componentes.
  3. Que se reúnen periódicamente (semanalmente). Viene exigido por la imposibilidad de una convivencia continuada y perenne. Se trata, pues, tan só- lo, de marcar un mínimo garantizado que posibilite una convivencia auténtica. Si los componentes del grupo pueden aumentar la frecuencia de sus con- tactos, tanto mejor. Se marca el período de una semana porque en él se cumple normalmente el ciclo de la vida moderna.
  4. Realizando la reunión descrita en la hoja “Cuento Contigo”. Viene exigido por la necesidad de reducir la eficacia a tiempo y compartir, en el tiempo más breve posible, toda la vivencia cristiana de ca- da uno, como después se explicará.
  5. Que son estables, pero disolubles. Viene exigido por la amistad que los aglutina. Los grupos bien montados tienden a su estabilidad. Pero por alguna razón importante pueden disolverse, mientras se asegure que sus miembros pasarán a integrar algún otro grupo. Lo necesario es convivir el cristianismo. Con quién convivirlo es algo que se puede elegir en cada circunstancia.

Vista ya, pues, la sistemática en líneas generales, conviene especificar:

Técnica del montaje

Quién puede hacer Reunión de Grupo

Tan sólo el que se apoya en la verdad exacta y concreta de lo que es, y la proyecta con decisión, fe y audacia hacia lo que Dios quiere que sea, tiene capacidad para asimilar y hacer asimilar la verdad de la Reunión de Grupo.

El que ya es lo que quiere ser, o no quiere ser, porque no es, no tardará en evidenciarlo diciendo que la reunión de Grupo carece de eficacia. Y no hay para qué decir que tiene toda la razón, ya que la Reunión de Grupo no se hizo para él.

Así, pues, no puede hacer Reunión de Grupo el que se cree perfecto y el que no tiene interés en perfeccionarse.

Quién puede hacerla con quién

Los que forman un grupo sólo lo integran si tienen algo en común.

Lo que se tiene en común puede ser:

Una misma manera de ser (comunidad de zona idealizada).

Un mismo quehacer (comunidad de zona responsabilizada pág. 202).

Así resulta que el grupo ya existía antes de empezar a re- unirse y unirse; o sea que los grupos no se montan, lo único que se hace es descubrirlos.

Por lo tanto los componentes de la Reunión de Grupo aportan a ella los ingredientes de:

Amistad Generosidad y Clima.

Si así se estructuran los grupos, cada uno la hace

Con quien conviene Porque quiere y Como debe

Modo de montar los Grupos

Al salir del cursillo cada uno hará la Reunión de Grupo con quienes quiera (con quienes le ilusione hacerla). O sea, que la Reunión de Grupo debe ser elegida o admitida con ilusión por sus componentes.

Más adelante, si el individuo tiene alguna personalidad, ha- rá alguna o algunas Reuniones de Grupo con quienes debe.

Y debe hacerla:

  • Porque al otro le ilusiona hacerla con él
  • Porque se tienen en común actividades apostólicas.
  • Porque se precisa para compensarse espiritual o psico- lógicamente.

Y en todas las Reuniones de Grupo el criterio de selección ha de ser siempre la eficacia.

Momento del montaje

Para que todas las piezas encajen y ajusten bien, la tempera- tura apostólica conseguida en el Cursillo, sin perder ni un grado, ha de meterse íntegra en el Grupo. Si se demora su constitución o se enfrían los espíritus, hay siempre deficiencias en su funcionamiento.

El montaje o reajuste, cuando se hace necesario, debe ha- cerse también en caliente, aprovechando o prefabricando algunas circunstancias que aumenten la presión apostólica.

A quién corresponde el montaje

Si algo no debe hacerse nunca «en serie» es el montaje de los grupos, puesto que es preciso conjugar todas las circuns- tancias de cada caso concreto. No corresponde, pues, al Secretariado el montaje de los grupos, puesto que no puede conocer todos y cada uno de los detalles necesarios para mon- tarlos. A él le corresponde tan sólo espolear constantemente a los responsables del montaje para que éste se efectúe rápida- mente y bien.

La reunión de grupo debe montarse, por exigirlo el sentido común, por iniciativa de alguno de los que la integrarán. Y deben encargarse normalmente de ello quienes «llevaron» el individuo al Cursillo y los profesores de su Cursillo. Lo exige la amistad humana, la admiración existente y la normalidad que debe regir toda la labor de postcursillo.

Es necesario preguntar al que va a empezar a hacer la Reu- nión de Grupo con quién quiere hacerla. Si dice con quien le digan, es señal evidente de que no ha captado la trascendencia de la Reunión de Grupo. Entonces debe explicársele que se trata nada menos que de elegir los compañeros de su peregri- nar al Padre en racimo. De quienes él proponga —entre los que, por lo general, estarán quienes le «llevaron» al Cursillo y alguno de los profesores— es necesario advertirle que quizá con todos ellos no podrá ser, pero sí, por lo menos, con algu- nos. Si ello exige que los profesores dupliquen o tripliquen o multipliquen el número de sus reuniones de grupo, nada tiene de extraño, puesto que ellos saben que la responsabilidad del dirigente de Cursillos en la clausura tan sólo acaba de empe- zar. Y es lógico que uno no «mande» a nadie a Cursillos o no asista de dirigente a un Cursillo si no puede o no quiere conti- nuar la labor en el postcursillo. Es necesario jugar limpio para construir en firme.

Si este modo de montar los grupos es más complejo que el hacerlo por «real decreto» del Secretariado, sin embargo debe- rá convenir todo el mundo en que es más cristiano y más lógico. Y es la única forma de poder garantizar, en cada caso, una auténtica comprensión y vivencia del núcleo y de la im- portancia de la Reunión de Grupo. Es posible que esta mecánica pueda exigir en muchas partes reducir el ritmo de los cursillos anuales, pero ello no es inconveniente alguno pues no interesa la eficacia al contado, sino a plazo eterno: no interesa tener muchos santos a unos días vista, sino tenerlos a la hora de la verdad, que será el día del juicio final.

Peligros de un montaje en falso

De montarse los grupos por disposición casi inapelable del Secretariado, los Cursillos se convierten en una organización camuflada, sin cuotas ni insignias, pero con todos los requisi- tos sustanciales. Y sabido es que los Cursillos no han querido ser nunca una organización ni expresa ni tácitamente. Y de

ello se desprende el que todo, y en especial las Reuniones de Grupo, deben montarse siempre por la vía de la amistad.

Si el cristiano hace Reunión de Grupo con quien le han or- denado, no tiene garantizada nunca la pista para un completo y eficaz desarrollo de todas las potencias de su personalidad. Sólo si él elige el cauce se puede garantizar que este cauce será a su medida.

Si la Reunión se monta por «capricho apostólico» de alguno de sus componentes, o por imposición de alguien ajeno a ella, no tardará en convertirse…

o en una tertulia

o en un pío control mutuo

…para desaparecer más tarde, cuando los más listos o los me- nos santos se cansen de perder el tiempo en nombre del Señor.

Técnica del funcionamiento

A la reunión semanal que realizarán los grupos se le ha da- do un cauce pensado y programado para que en el mínimo tiempo necesario pudiera compartirse toda la vivencia de cada uno durante la semana, y planearse la convivencia para la se- mana siguiente. Esto sería utópico si no fuera porque toda vivencia cristiana se resume en el amor a Dios y al prójimo. Entonces, compartiendo la vivencia de amor a Dios y al próji- mo que cada uno ha tenido en la semana, se logra a la perfección el objetivo pretendido.

Así, pues, la reunión tendrá tres partes:

1ª) Compartir el amor a Dios.

2ª) Compartir el amor al prójimo.

3ª) Planear la convivencia cristiana de la semana siguiente.

Y estas tres etapas coinciden evidentemente con el «orden de la reunión» descrito en la hoja “Cuento contigo”. Detallán- dolo lo veremos más claramente:38

Invocación al Espíritu Santo

Así se logra que la amistad que une a los componentes del grupo se eleve conscientemente al terreno de lo Trascendente. Es la toma de conciencia de un vinculo humano lleno de conte- nido divino. La toma de conciencia de estar reunidos en el nombre del Señor. Es necesario que la presencia del Espíritu Santo dé un sello de trascendencia a lo que en la reunión se viva.

Revista a la Hoja de Servicios

(Todos a todos, la parte de «piedad») El amor que cada uno tiene a Dios se manifiesta en una serie de actos que en sí mis- mos demuestran este amor. Tales son los actos de piedad, los sacramentos, etc. Son obras que se dirigen por su misma natu- raleza a la gloria de Dios. Es lo que podríamos llamar la manifestación objetiva de nuestro amor a Dios.

3Se han realizado innumerables intentos de proponer otro “orden del día” de la Reunión de Grupo. Los hemos analizado sin prevención, y los hemos visto utilizar sin celos. Pero, tras ello, hemos de afirmar que ninguna de estas propuestas alternativas ha demostrado la densidad y las posibilidades del esquema fundacional, que se contiene en la hoja “Cuento contigo”.

De los propuestos, unos esquemas pretenden manipular a los integrantes del grupo; otros, suponen niveles culturales que priman más el saber que el vivir; otros pretenden concretar tanto, que no se adaptan a muchos casos; etc.

Ni sacralizamos “nuestro” esquema, ni podemos ocultar que su transparencia y asepsia han hecho posible su aplicación eficaz en las más diversas situaciones de tiempo y lugar.

Si hubiéramos de apartamos de él, optaríamos por reunirnos sin esquema: limitándonos a preguntarnos ¿cómo has vivido tu cristianismo esta semana?” y “¿cómo piensas vivirlo la próxima?”. Claro que así nos tememos que mucho hablarían o fabularían quienes son extro- vertidos, y callarían en exceso – sintiéndose excluidos – los más reflexivos y los más tímidos.

Nos ratificamos pues gozosamente en el hallazgo inicial. Sabiendo que la rutina en la revisión de la “Hoja de servicios” puede hacer más aburrida la reunión, y que el “momento” se presta a sentimentalismos, y que los éxitos y fracasos se presentan a exhibicionismo. Estos son los riesgos; evitarlos, es un simple ejercicio de sentido común.

Por desgracia, el riesgo mayor del grupo es la falta de amistad. Si ésta existe, los demás riesgos de la reunión tienden a cero. Primero que se convive y se comparte, Porque estos actos son los pilares de nuestra santificación tensa y creciente.

No es, pues, una rendición de cuentas, ni un control mutuo, sino un compartir gozoso esta faceta de nuestro amor a Dios. Por ello cada uno explica a los demás cómo ha cumplido sus compromisos. En cada apartado de la parte de Piedad de la Hoja de Servicios cada uno dice lo que ha cumplido y cómo lo ha cumplido. Esta convivencia hace caer en la cuenta de los fallos y de las posibilidades de mejorar; hace ver que los hay que no fallan, y a todos estimula a apreciar, vivir y practicar con más ilusión estos puntales de nuestra vida en gracia.

Momento que te has sentido más cerca de Cristo

El amor que uno tiene a Dios no se agota en los actos de piedad, sino que en cualquier acto normal de la vida puede uno sentir más vivo el amor a Dios que incluso en los actos de pie- dad. Y el amor a Dios no de los actos, sino el subjetivo, es lo que debe compartirse en segundo lugar en la reunión. Este amor subjetivo a Dios, que unas veces lo sentiremos muy vivo en un acto normal y «profano» y otras en un acto de piedad, porque no tiene limitaciones de tiempo, lugar o circunstancias, puede ser tan ancho como la vida misma.

Sería imposible compartir cada una de las vivencias subjetivas e íntimas de amor a Dios. Por ello se comparte tan sólo el momento en que esta vivencia ha alcanzado su punto más alto y más íntimo. Se ve y se comparte el nivel a que cada uno ha llegado en sus relaciones íntimas con Dios. Y compartiendo la mejor de estas vivencias todas las demás quedan ya incluidas y englobadas. Así, pues, se comparte «el momento de la semana en que cada uno se ha sentido más cerca de Cristo». Este momento, explicado y comentado, que puede ser la confidencia con el Señor en la Comunión, en la Visita, ante un libro, un hermano o un paisaje, en el peligro o en la paz, en el trabajo o en el descanso. En cualquier momento pueden llegarnos «momentos», porque el amor de Dios es infinito y todas las cosas nos hablan de El.

El comunicar a los demás la cercanía de cada uno con Dios, aúna más entre sí a todos los hermanos y los acerca más a Dios.

Así, pues, ya vemos como en estos dos primeros apartados de la reunión se comparte todo el amor que uno tiene a Dios, tanto el objetivo como el subjetivo. Ahora será preciso convi- vir el amor al prójimo que cada uno ha tenido y practicado en la semana. Un amor cuajado en obras y en obras sobrenatura- les, porque la mejor muestra de amor a los hermanos es procurar su salvación y su vida en Gracia. El mejor amor al prójimo se concreta en nuestro quehacer apostólico. Y éste será lo que se conviva en segundo lugar en la Reunión de Grupo.

Éxito apostólico

Para dar una visión conjunta y global de nuestra actividad apostólica la dividimos en lo que humanamente podemos lla- mar éxitos y lo que humanamente podemos llamar fracasos. Éxito será la actividad apostólica que salió como se deseaba o que superó por la Gracia del Señor todos los cálculos posibles. Éxito es, pues, simplemente, aquella actividad apostólica que nos reporta alegría y nos da conciencia de la realización de las promesas del Señor: «Pedid y se os dará», «El Espíritu Santo pondrá palabras de eficacia en boca de sus apóstoles», «Cristo y yo somos mayoría aplastante». Así, pues, la denominación de éxito y de fracaso no es teológica —sólo Dios sabe lo que favorece o contraría su plan salvífico— sino tan sólo una apre- ciación humana.

Se explican y comentan los éxitos apostólicos que el Señor ha querido tener en su Iglesia por mediación de cada uno. Y de allí todos sacan un caudal nuevo de experiencias, de métodos, de nuevas energías y mayores impulsos. La realidad de la om- nipotencia mezclada con la menor circunstancia, se ve y se vive, se aprovecha y encauza.

Al ir viviendo y conviviendo los éxitos apostólicos, se ven realizadas las promesas jubilosas que el Señor nos hace en el Evangelio y nos recordó en el Cursillo. Y nosotros hacemos entonces como los Apóstoles que «cuando Jesús hubo resuci- tado de entre los muertos, hicieron memoria de lo que les dijo, y por esto creyeron con más viva fe en la Escritura y en las palabras de Jesús».

Fracaso apostólico

Nuestro amor al prójimo manifestado en nuestra acción apostólica no siempre nos reporta alegría y nos da la sensación de lo eficaz, sino que a veces su fruto se dirige a aumentarnos la preocupación y la inquietud. Es aquello que no nos sale co- mo habíamos deseado, cuando la semilla parece caer en tierra pedregosa o espinosa. Muchas veces los fracasos humanos sin culpa nuestra son sólo el prólogo de los mejores éxitos divi- nos. Uno siembra, otro riega y otro recoge… Lo importante no es, pues, tener muchos éxitos o muchos fracasos, sino tener un amor sobrenatural al hermano sin trabas ni condiciones. Lo que importa es trabajar. El salario del apóstol lo fija el Señor.

Además, las contrariedades sirven siempre para desvanecer nuestras falsas virtudes, inducen al examen y a la mortifica- ción, hacen que nos preocupemos más de respaldar con oraciones nuestra acción y que no la emprendamos irreflexi- vamente. Dios saca bien del mal y nosotros, como hijos suyos, debemos sacar bien de las contrariedades, aprendiendo a so- portarlas, entenderlas y curarlas.

El explicar a los demás los fracasos apostólicos y el modo cómo fueron encajados, da a todos el testimonio de la imposi- bilidad de desaliento, da nuevas fuerzas ante los nuevos fracasos y da nueva experiencia para poder evitar los fracasos previsibles.

Cómo se cumplió el plan apostólico de la semana anterior

Como después se verá, cada semana se forja y programa un plan apostólico —o varios—. Es preciso, pues, repasar el estado actual de los planes hechos. Ver si han sido realizados, si pue- den perfeccionarse y si la ilusión, la intención y la oración de todos acompañó la acción conjunta de los que debían realizarla. Es preciso no dejar abandonado lo que se empezó en nombre del Señor y, por ello, es preciso repasar el estado actual de los planes anteriores. Con ellos, pues, se hace patente en la reunión la convivencia espiritual y la unión de ilusiones que ha habido durante la semana entre todos los miembros del grupo.

Plan apostólico para la próxima semana

Aquí empieza ya la tercera parte de la reunión: la que se di- rige a programar la convivencia cristiana de todos en la semana siguiente. El plan o los planes no son nunca de uno sólo, sino que son siempre de todos. Cuando uno actúa los demás forman la retaguardia orante. Por tanto la responsabili- dad y la ilusión se hacen comunes. El plan o los planes deben ser concretos. La carencia de planes que estimulen y vertebren nuestro peregrinar motiva siempre un descenso espiritual, un mayor riesgo de rutina y una tentación de narcisismo colectivo.

Actividades propias del grupo

De la convivencia y la amistad nace siempre la exigencia de un contacto más intenso. El grupo, además de reunirse para hacer su Reunión de Grupo, sentirá probablemente, si está bien montado, la urgencia de compartir más tiempo su vivir. Y es- tos contactos entre semana, convenientes y hasta necesarios, podrán tener un matiz religioso o profano, aunque siempre serán apostólicos. Así podrá ser actividad de un grupo la visita a cárceles, hospitales, etc., o bien simplemente la diversión (deporte, excursión, espectáculos) en común, o la asistencia de todos a actos que interesen. Estas «actividades propias del grupo» hacen cuajar una mejor amistad y por tanto posibilitan una mayor eficacia cristiana del grupo.

Padre nuestro por los fallos de cada uno o por el hermano no asistente

Es una nota de serena humildad y esperanza, vínculo frater- nal de una caridad tensa y vigilante.

Acción de gracias

La actitud filial y agradecida hacia el Señor y hacia la Ma- dre, nunca son una exigencia más ilusionada que tras este contacto intimo de alma a alma, este compartir que enriquece, este planear que estimula y este convivir que mantiene. El Se- ñor ha estado entre nosotros y ha volcado un sinfín de gracias actuales.

A Él y a Su Madre, Medianera de estas gracias, surge es- pontáneo el deseo de un agradecimiento que ahora se manifiesta en oración, y después se manifestará en esfuerzo sereno, entusiasmo equilibrado y entrega consciente.

Si falta alguno

Puede ser conveniente llevarle la hoja «termómetro de la voluntad» con algún rejón que se le clave en el alma. Sin em- bargo, es preciso usar del criterio en este punto para evitar la reacción excesiva y negativa que ello provoca en algunos indi- viduos. A ellos, mandarles la hoja sería confirmarles en su despiste.

Técnica del manejo
  1. Notas características de la Reunión de Grupo bien manejada

Además de las clásicas: ilusión, entrega y espíritu de caridad, en el grupo se ha de proceder con:

  1. SERIEDAD: Calidad de serio, grave, severo, formal, importante.
  2. SINCERIDAD: Pureza y veracidad.
  3. REGULARIDAD: Calidad de regular: semanalmente, por más que cueste.
  4. SIGILO: Secreto que se guarda.

Posibles enfermedades de los grupos.

La enfermedad es la alteración más o menos grave de lo que constituye el proceso de la vida del grupo

Podemos reducir a tres las clases de enfermedades que suelen afectar a los individuos:

  1. De origen (grupos mal montados).
  2. Producida por un agente exterior (acontecimiento, circunstancia).
  3. Causada por una decadencia pasiva del espíritu de sus componentes.
  4. Remedios

Para el primer caso, téngase en cuenta lo que se dijo en el apartado que se refería al montaje.

Para el segundo, es del todo conveniente recordar que hay circunstancias fácilmente previsibles y que pueden tenerse en cuenta en el plan para sortearlas, no tan sólo sin perjuicio de la marcha del grupo, sino aun sacando de ellas el máximo jugo espiritual y apostólico. Tal ocurre al tener que desplazarse temporalmente algún miembro del grupo, con ocasión de estudios, negocios, exámenes, servicio militar, enfermedad, etc. Las despedidas, las llegadas y el asunto del amigo que pasa a primer plano en las peticiones al Señor, dan mayor presión al grupo. Ir a celebrar la Reunión de Grupo con uno que está de guardia o que guarda cama, etc., ofrece multitud de posibilidades apostólicas o fácilmente apostolizables. En las separaciones más largas conviene emplear p.e. el procedimiento epistolar, turnándose todos o firmando todos las cartas y, por supuesto, las modernas tecnologías de la comunicación.

La última clase de enfermedades, o sea, las anémicas, suceden al ir dejando paulatinamente de aportar cada uno su ILUSION, su ENTREGA y su ESPIRITU DE CARIDAD. La causa puede motivarla también la ausencia de alguna o algunas de las características de Grupo ya apuntadas: SERIEDAD, SINCERIDAD, SEMANAL y SIGILO3.

Puede originarse también por la falta de plan o por la falta de interés en cumplirlo.

Remontando la corriente del proceso de enfriamiento de un grupo, nos encontramos siempre que el primer eslabón de infi- delidades fue producido, no por el fallo del más frío, sino por la reacción poco apostólica de los más inquietos: fallaron ellos. No apuraron el remedio. Se le pudo haber hecho un cerco de caridad…, pero exigía sacrificio y no se hizo. Cristo tenía que apoyarse en la fidelidad de los más fieles y éstos le fallaron. Quien tuvo espíritu para asistir, debió tenerlo también para ir en busca de los que no asistieron.

Lo trágico no es el despiste de los peores, sino, como se ha dicho ya, la reacción poco apostólica de los que se dicen bue- nos. La culpa reviene siempre sobre el que tiene más talentos. De los despistes de los malos estamos obligados a sacar bien. De los despistes de los buenos,… «Cuando la sal se vuelve insípida… » el Señor pregunta: «—¿Con qué se le devolverá el sabor?», y después de un silencio interrogante para aplomar más la sentencia añade: «—Para nada sirve ya, sino para ser arrojada y pisada por las gentes».

En todos los casos lo que más importa es que los que, por tener más longitud de onda, sean los primeros en darse cuenta de los síntomas de las enfermedades apuntadas, hagan urgen- temente lo posible y lo imposible para tomar providencia antes de que se acentúen.

Así como los tres ángulos de un triángulo suman siempre dos rectos, el espíritu de los componentes del grupo, cuando no se ha dejado enfriar, basta siempre para hacerlo funcionar con espíritu, mientras mantengan todos ellos su amistad, su generosidad y el clima de alegría apostólica, y mientras cum- plan, claro está, las normas requeridas para su funcionamiento. Pero aún así conviene no olvidar que no siempre están todos al rojo; y que no siempre están los mismos al rojo, y que los alti- bajos no coinciden en todos a una, a no ser que el grupo se haya dejado morir por consunción. Entonces todos están a cero.

Peligros de un manejo en falso

No es extraño que en los grupos que no están montados so- bre la base de una fuerte amistad humana haya alguno —o algunos— que tome mentalidad de capataz, responsable o re- visor espiritual. Al menor fallo explicado por sus compañeros suelta el rollo que a tal fin tenía preparado. Él es quien señala a los demás los planes apostólicos que deben emprender. Él es quién reserva para sí las oportunidades de lucimiento. Él es quien siempre tiene más «momentos» que los demás.

Esta actitud, motivada la mayoría de las veces por un celo mal entendido y peor empleado, se sale siempre de la línea de lo que debe ser una reunión de grupo. En ningún momento es oportuno corregir o sermonear al hermano en la reunión de grupo puesto que a ella no se va a ser controlado o a controlar sino a compartir el cristianismo que cada uno ha vivido en la semana.

Por fallos que tenga, mejor es que el silencio y la oración expresen con elocuencia lo que él está esperando que exprese el rollo destemplado. No se trata de corregir lo que no se ha hecho, sino de compartir lo realizado.

Diversidad de resultados.

Los que profesan un catolicismo de fórmula, de ritos y de rutina, no pueden entender lo que es una Reunión de Grupo, porque, como es cristianismo vivo, no encaja más que con lo que está vivo.

Sólo los que tengan auténticos deseos de ser santos pueden entenderla, y aun éstos la entenderán en la proporción de lo limpios y efectivos que sean sus deseos. Como en la parábola del sembrador, habrá tierras fértiles que rindan escalonada- mente el treinta, el sesenta o el ciento por uno. La cuestión de falta de tiempo no puede ser motivo de no hacer Reunión de Grupo. Como hay productos que «cuestan menos porque duran más» la Reunión de Grupo cuesta menos porque dura siempre.

La gracia vivida en común

La exigencia de tener Reunión de Grupo no es arbitraria ni nueva, sino consustancial al cristianismo. La Iglesia es comu- nitaria en su esencia y no puede en ella nadie vivir desvinculado de los demás. La Reunión de Grupo es tan sólo la cristalización de una forma, que es la mejor que se ofrece a nuestra mente aunque no la única posible, de posibilitar a to- dos esta vinculación eclesial. La Reunión de Grupo es la vivencia experimental del Dogma del Cuerpo Místico a escala reducida. A la escala de las posibilidades vitales de cada uno. Su origen no está en una obra humana, sino en la misma con- cepción cristiana de Dios como Trinidad y de la comunión de los Santos. Ella sólo quiere ser el camino para cumplir aquello que dice San Pablo a los romanos: «Deseo veros para comuni- caros algún don espiritual, para confirmaros, o mejor, para consolarme con vosotros por la mutua comunicación de nues- tra común fe» (Rom.1, 11-12)

REUNIÓN DE GRUPO CON QUIEN QUIERES

Es la primera que debe montarse al salir del Cursillo.

Ella es la amistad convertida en una Gracia actual permanente.

Cuando el cursillista tome altura, tendrá además alguna re- unión de Grupo con quien «debe», pues si sólo la hace con quien «quiere», cae fácilmente en un narcisismo de equipo que difícilmente puede ser apostólico.

En ella la amistad se ejercita para «cargar las baterías» del espíritu.

REUNIÓN DE GRUPO CON QUIEN DEBES

Es una exigencia apostólica

porque al otro le ilusiona hacerla con él

porque se tienen en común actividades apostólicas porque se precisa para compensar:

  • espiritualmente
  • psicológicamente
  • socialmente.

La Reunión de Grupo con «quien debe» siempre estará res- paldada por la Reunión de Grupo con «quien quiere», a riesgo de que la primera no se haga bien y con eficacia.

ULTREYA

Es la Reunión de Reuniones de Grupo. Sirve para: universalizar la visión, abrillantar la admiración de los santos, compartir experiencias, compartir inquietudes y actividades.

Definición

La Ultreya es la reunión de Reuniones de Grupo.

Teniendo presente que la Reunión de Grupo es el lugar, el medio y el instrumento donde se perfila y se concreta la ver- dad viva, práctica, triunfal y formidable de nuestro cristia- nismo católico y apostólico, la Ultreya es el contacto semanal con los hermanos que viven en la línea que les marcó el Cursi- llo y les va remarcando su Reunión de Grupo.

Es por tanto el lugar donde se vive lo que en el Cursillo se di- jo, y donde todos pueden ver desviviéndose a los que lo dijeron.

Finalidad

Tenemos un concepto tan alto de la formación —dar forma cada vez más cristiana a la vida— que no concebimos que baste la dosis que semanalmente se sirva en Ultreya para con- seguirla.

De hecho sólo se forma el que desvela y acrecienta constan- temente su inquietud de formarse.

Por eso más que explanar teorías, se debe en la Ultreya in- culcar la dinámica precisa para ir realizando el cristianismo en la vida.

Más que a aprender o a enseñar catolicismo se va a compar- tirlo con los hermanos.

De hecho cada cual comparte lo que es capaz de compartir, y la capacidad de compartir, es su auténtica capacidad.

La vivencia de lo que allí se vive da conciencia de entron- que vivo con toda la cristiandad, cuyo pulso puede tomarlo cada uno con precisión, haciendo suyas las inquietudes que suscitan las ideas, acontecimientos y sucesos que allí se enco- miendan a las rodillas y a la generosidad de todos.

Sistemática

Para buscar un cauce a todo lo anterior que permita a cada uno ir realizándolo en la medida de su situación y de su posibi- lidad, es preciso tener en cuenta el contenido que está llamado a desempeñar.

1º Papel de los Sacerdotes

Los Sacerdotes, a pesar de tener su Reunión de Grupo fuera de Ultreya, forman parte integrante de la misma y su misma esencia exige su continua, alerta y caritativa presencia.

Ellos velarán, avivarán y orientarán a los cursillistas.

El primer tiempo de la Ultreya, que es el destinado a las Reuniones de Grupo, podrán aprovecharlo los Padres para aquellas direcciones espirituales que difícilmente podrían tener lugar en otra parte y a otra hora.

También será éste el momento oportuno para concretar el lugar y la hora en que podrán entrevistarse con quienes, por su talla, conviene que la hagan con mayor detención. Los cursi- llistas, a su vez, con la presencia de los sacerdotes en la Ultreya, tienen una espléndida ocasión para poderse beneficiar ampliamente del criterio que siempre ha tenido la Iglesia res- pecto a la libre elección del Director Espiritual.

No hace falta decir que su celo apostólico les hará estar al acecho por si alguno tiene necesidad de limpiar su alma.

Para dar a la Ultreya conciencia de entronque vivo con to- da la Cristiandad viva y por avivar, el Consiliario se hará eco y voz de los acontecimientos que en la vida de la Iglesia y en la vida de los hermanos presentes y ausentes sean dignos de destacarse por su importancia.

2º Papel de los seglares

Entre los seglares que comparten la Ultreya, es necesario saber que no todos sirven para todo, pero que todos pueden y deben hacer algo.

En la práctica, los individuos, por su propio peso, se agluti- nan en la Ultreya en tres grupos:

  • Los dirigentes: los que se mueven por ideas.
  • Los que están al nivel del clima: se mueven por acontecimientos.
  • La población flotante: se mueve por capricho, por pica o por inercia.

En primer lugar están los dirigentes seglares: rectores, pro- fesores, rectorables, profesorables, etc., los cuales deben haber estudiado antes, y practicar entonces, los medios más eficaces para hacer fermentar la masa asistente, y por ella el ambiente que sea, en el conocimiento y en el amor de Jesucristo.

Ellos, siempre juntamente con los Directores Espirituales, han de formar un grupo que actúe en todo momento su poten- cial humano y sobrenatural, para que, por la gracia del Señor y los esfuerzos pensados y coordinados de todos, vayan ponien- do los resortes más decisivos de la vida seglar al servicio de la causa de Cristo.

Para realizarlo, los Dirigentes cuidarán hasta los más míni- mos detalles: desde la distribución estratégica en los Grupos, pasando por donde y como convenga se sitúen las diferentes

Reuniones de Grupo, hasta el saber aprovechar la circunstan- cia de acompañar a alguno hasta su casa, hay toda una gama de situaciones y posibilidades que esperan el tacto vigilante y oportuno de los mejores.

Podríamos enumerar muchas más:

  • Facilitar a los nuevos cursillistas que entren con naturalidad en el seno de la Ultreya.
  • Aprovechar el saludar a los hermanos para aumen- tar en clima.
  • Concretar entrevistas con los que convenga apostó- licamente.
  • Situar a los despistados.
  • Dar, en suma, la demostración de que viven jubilo- samente lo que dijeron en el Cursillo.

Compréndase que en este contexto las «paternidades», los

«jefes» y las mentalidades o actitudes de capataz, siempre so- bran en la Ultreya y en las Reuniones de Grupo, porque la autoridad no es una cosa que se tiene, sino que cada uno la da al que la merece.

En segundo lugar hay en la Ultreya los que están siempre al nivel del clima. Es decir, los que asisten a ella de una mane- ra pasiva. Hacen Reunión de Grupo si son invitados a ello. Porque su capacidad de compartir es menor que la de los que le rodean, no suelen aportar muchas atmósferas apostólicas a la Ultreya. Esta es una de las importantes razones para que los Dirigentes cuiden el clima de la Ultreya, ya que si la tónica es baja, nunca podrá servir a su finalidad.

Y en tercer lugar está la población flotante. Suelen ser las aves de paso que asisten porque vienen o porque los traen sin saber por qué.

Merecen capítulo aparte los nuevos cursillistas, los que podríamos llamar «en rodaje»

No son grupo estable, pues una vez incorporados a la Ultre- ya entrarán en alguno de los grupos antes citados, pero por ser precisamente los que, si se mantienen en la línea de su posibi- lidad, serán los que más tarde sean los dirigentes en la Ultreya, son los que requieren un cuidado mayor por parte de los que son ahora Dirigentes.

Es preciso que sean lanzados cuanto antes para poder cali- brarlos y emplearlos de manera adecuada a su personalidad en gracia.

Los dirigentes cuidarán muy especialmente de descubrir en- tre los distintos grupos los que tengan más personalidad, con el fin de procurar, entre todos, que esta personalidad tenga una pista adecuada para poder desplegarse con soltura, agilidad y naturalidad en la Verdad.

Quien dirija la Visita en la Capilla informará brevemente sobre los acontetimientos de mayor interés para el Movimien- to, fechas de próximos Cursillos a celebrar el la comunidad y en otras diócesis o naciones, intenciones más urgentes por distintas necesidades, etc., a fin de que los asistentes las apo- yen con sus oraciones. Todo ello impregnado e impulsado por la dinámica del momento que se vive.

3º Importancia de los rollos

Los rollos no son sino el envoltorio de lo esencial. Todo lo que ha de quererse lograr con ellos, ha de ser que sean expo- nente de lo que se vive en Ultreya porque se vive en la vida. Si esto mismo pudiera lograrse de otra manera, podrían muy bien suprimirse, sin que el objetivo de la Ultreya se dejara de cum- plir. Por esto es imprescindible que quien actúe en Ultreya sepa bien lo que se propone o tiene que proponerse al hacer un rollo, pues de la misma manera que para hacer un discurso hay que ser orador, y para dar una conferencia hay que poseer cier- ta sabiduría, para hacer un rollo hay que ser santo, o por lo menos querer serlo.

El discurso tiene siempre una intencionalidad estética, la conferencia la tiene intelectual, y el rollo, vital. Uno agrada, la otra instruye y el otro compromete.

Por esto el peligro del rollo es que tenga una intencio- nalidad estética o intelectual; si tiene una finalidad intelectual es que, por no vivir plenamente la Verdad, se sirven verdades con esmero, preparación o suficiencia.

Si la intencionalidad es estética, es que lo relativo se prefie- re a lo Absoluto. Para disimular la carencia de lo Absoluto se pretende agradar y sólo se consigue deslumbrar.

Por tanto, al elegir el rollista que tiene que hablar en la Ul- treya, basta tener en cuenta si es un individuo que vive la Verdad de que va a hablar. Pues cuando se habla de lo que se vive, siempre se habla bien, mientras no se viva para decirlo.

Hay que tener mucho cuidado en no descentrar la impor- tancia y la finalidad de los rollos.

Cuando se busca la oratoria en lugar de buscar la santidad, se corre el peligro de quedarse en la oratoria.

Uno que sabe hacer rollos y no sabe ser santo, puede estro- pear más cosas que uno que no quiere ser santo ni sabe hacer rollos.

Es difícil que sabiendo hacer rollos quiera ser santo.

Un santo que sabe hacer rollos, es necesario que sea doble- mente santo.

4º El porqué de las críticas a los rollos.

Mejor que las críticas las pida un seglar, el cual comunicará también las noticias y observaciones que cuadren con su condi- ción de seglar. Para no dar una impresión de monopolio, llevar un turno rotativo entre los rectores de Cursillos.

No conviene pedir siempre las críticas a los mismos. Si no, es fácil que éstos, al escuchar el rollo, den más importancia a la

crítica40 que piensan soltar de él que a la aplicación de las con- secuencias que puedan sacar para su vida.

Conviene pedir la crítica entre los que tengan criterio, y por tanto menos ganas de lucirlo.

Las críticas han de ser breves y han de ir dirigidas a centrar las ideas del rollo y a avalar las vivencias del rollista.

Deben estar enmarcadas siempre por la Verdad y la Caridad.

El Consiliario que presida la Ultreya cuidará de centrarlo todo con sus palabras finales, esclareciendo lo borroso y remarcando lo mejor, siempre con una clara referencia al Evangelio.

5º Duración de la Ultreya

Aunque la Ultreya tenga un horario de cerca de hora y media, es apostólico que alguno de los dirigentes estén al quite algún tiempo antes, y otros algún tiempo después.

La primera, referida a la expresión “críticas al rollo”, que fue poco afortunada ya que, en muchos lugares, dificultó la comprensión de lo que en clave irónica queríamos decir.

De ningún modo se trata de enjuiciar, o criticar, o evaluar la vida que el “rollista” acaba de exponer. Mucho menos aún, de valorar la forma en que se ha expuesto el rollo (su retórica). Se trata, simplemente que algunos de los que han oído el rollo, expliquen brevemente qué coinci- dencias y qué contrastes presenta su vida, frente a la que ha expuesto el rollista. A esta

«confrontación» de vivencias la llamábamos «críticas», para seguir con la línea de parodia de lo académico que tienen los Cursillos, sobre todo en su origen (y por ello hablan de «profesores», «rector», «Escuela de profesores», e incluso la misma palabra «Cursillo», etc.). Como esta expresión inicial no tuvo éxito, la substituíamos sin problema alguno; para substituirla, preferi- mos hablar asépticamente de «intervenciones», mejor que de «resonancias» o «vivencias».

Por otra parte, la descripción de la reunión de Ultreya que aquí se hace, presenta un protagonismo clerical impropio de nuestro método.

Para comprenderlo, una vez más, debemos recordar en qué circunstancias socio-político-religioso escribíamos la Vertebración de Ideas, en 1958. Entonces y aquí, en España en general, y en Mallorca en especial, si la reunión no estaba presidida por un sacerdote, corríamos un serio riesgo de que no pudiera celebrarse o repetirse.

Sin embargo, es claro que en la Ultreya, como en el Cursillo, el «rector» debe ser un seglar; él es quien inicia y finaliza el acto; quien invita a hablar, o concede la palabra a los que intervienen; quien controla el ritmo y el horario de la reunión, y comunica las noticias de interés general. Los sacerdotes, cuando intervienen, enriquecen cualitativamente la diversidad de perspectivas propias de la Ultreya, pero no conducen la sesión.

tienen un horario incompatible con la Ultreya también puedan tener el contacto directo y vivo con sus mejores hermanos.

Es fácil comprender que la estructura del postcursillo pensa- da y realizada de cara a las necesidades del cristiano actual, precisa que la Ultreya sea semanal e interparroquial41.

No importa decir que la Ultreya no tiene vacaciones, por la sencilla razón de que tampoco las tiene el diablo.

6º Las reuniones de grupo en la Ultreya

Los dirigentes habrán hecho ya su Reunión de Grupo con

«quien quieren» antes de ir a la Ultreya o mejor dicho fuera de ella, y por ello tendrán ya la disposición de alma precisa para saber y cumplir con eficacia su cometido, que será el distri- buirse estratégicamente en los grupos produciendo, enhe- brando y aprovechando al máximo las ocasiones, de modo que los que harían solamente la Reunión de Grupo en Ultreya con QUIENES LES DIJERAN la hagan cada semana con quienes más convenga.

Porque sólo es eficaz lo que se hace con plena libertad de hacerse o no, la Reunión de Grupo será imposible que se mon- te y funcione bien, si no es elegida o admitida con ilusión (no ilusa, sino serena) por sus componentes.

Toda imposición puede servir a una política o a un indivi- duo, pero no a la eficacia.

4Aquí debería agregarse un matiz: La Ultreya es semanal, interparroquial e inter-todo (hombres y mujeres, jóvenes y mayores, pobres y menos pobres —ricos suele haber pocos—, cuando la Ultreya es seglar y viva, -etc.). Hemos propugnado la Ultreya, las clausuras y la Escuela mixta (de hombres y mujeres), desde el principio, porque una es la fe que allí se comparte, y bastantes disgustos nos costó hacerlo así. Hoy, en cambio, que muchos abogan por los Cursillos mixtos, seguimos pensando que no son lo adecuado. Razonarlo aquí sería extendernos demasiado. Basta decir que la metodolo- gía que exige celebrar el Cursillo en su lugar específico. sin interrupciones del “mundo exterior”, y comenzarlo con un “retiro” en silencio, aconseja también suprimir allí los “roles” o “papeles” que de ordinario —en su vida diaria— asumen los cursillistas. Y para despojarse temporalmente del “rol” de Director de Empresa, suele bastar con tener que aceptar de “Jefe de Decuria” a un mecánico; pero para despojarse del “rol” de varón —o de mujer— lo mejor que se nos ocurre es que inicial- mente no esté rodeado de personas del otro sexo.

7º «Control» de los asistentes

El control de los asistentes, siempre bueno si no se hace en plan policíaco, no ha de asfixiar la libertad de los hermanos. Por otra parte, el que deje de asistir a la Ultreya sin que nadie lo note no puede ser motivo de preocupación desmedida. Si nadie lo ha notado, posiblemente él tampoco.

Mejor es que las inquietudes de los mejores se empleen pa- ra con los que ofrecen mayor posibilidad de mejorar.

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